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La época dorada del motociclismo: las 500cc y los pilotos americanos

Planeta motero 18 noviembre, 2014

Hablamos de…

Si hay una época  en el motociclismo deportivo que los aficionados más veteranos recuerdan con nostalgia es la era las 500cc de 2 tiempos. Rodeados de un alo de misticismo, los pilotos americanos y australianos poblaron de repente un mundial hasta entonces eminentemente europeo. Pero ¿cómo se produjo este cambio en tan poco tiempo?

Un nuevo estilo de pilotaje

En 1973 “el finlandés volador”, Jarno Saarinen, se imponía con contundencia en las 200 Millas de Daytona con una Yamaha TZ 350 ante un mar de pilotos locales equipados con motocicletas de cilindrada superior. Era el primer europeo en conseguirlo y entre los espectadores de ese día histórico se encontraba un joven llamado Kenny Roberts. Roberts era un californiano con talento natural para ir rápido en las pistas de tierra batida que formaban la mayoría de las pruebas del Gran National, el campeonato único de la AMA hasta entonces, que alternaba eventos de dirt-track con carreras sobre asfalto. Pero Roberts no acababa de encontrarse a gusto en los circuitos… hasta entonces.

Roberts cambió su forma de pilotar al ver a Saarinen: el finlandés movía todo el cuerpo en dirección al ápice de la curva mientras inclinaba, transfiriendo el peso y mejorando el comportamiento de la moto en curva. Saarinen adquirió esta costumbre en las carreras de ice-track que disputaba en su tierra natal. Roberts no tardó en adaptar este estilo y lo exageró, sacando las rodillas hacia fuera hasta tocar con ellas el asfalto. Y con ello empezó una nueva era en el motociclismo.

Barry Sheene y Kenny Roberts protagonizaron unas bonitas luchas en los circuitos mundiales

Un marciano venido de América

Años más tarde, Roberts, coronado ya campeón en Estados Unidos, decidió emigrar a Europa a por el título de Campeón del Mundo de 1978. Su innovador estilo llegó justamente cuando las nuevas 500cc de dos tiempos estaban ganando potencia a pasos agigantados. Las nuevas tetracilíndricas introducidas por Yamaha y Suzuki en la categoría reina tenían una entrega de potencia muy arisca.

Los pilotos europeos que subían de las categorías inferiores, donde la finura en el control es obligatorio, frenaban tarde para conseguir la mayor velocidad de paso por curva posible, mientras que Roberts empezó a utilizar el método contrario: “mataba” el paso por curva a cambio de acelerar antes que nadie y, cuando la moto derrapaba a consecuencia de ello, deslizaba como si fuera dirt-track.

Las gomas del momento, sin tanta sofisticación en los compuestos ni bandas de rodadura diferentes, también contribuyeron a este estilo salvaje. Los pilotos del viejo continente se vieron sorprendidos por la escuela americana de pilotaje, acostumbrados a percibir la derrapada como una señal inequívoca de caída inminente.

El resultado de esta revolución iniciada por Roberts fue su coronación como campeón ese mismo año, corriendo cada fin de semana en circuitos que apenas conocía y con rivales nuevos para él. Una gesta increíble que le valió el apodo de “el Marciano”: venido de otro planeta para ganar. Pero pronto fue la misma categoría de 500cc. la que se convertiría en territorio extraterrestre para los europeos.

Duelos épicos

A mediados de los ’80, las 500cc se habían vuelto un coto de caza para los pilotos americanos y australianos. Aunque muchos de ellos venían de los campeonatos de cuatro tiempos de sus países, todos conocían al arte de derrapar gracias al dirt-track. Con 115 kilos de peso, 150 caballos, aquellas ‘quinientos’ eran diabólicas para el piloto. La época se caracterizó por una constante de duelos épicos entre los pilotos transoceánicos pilotando al borde de la caída.

Freddie Spencer y Kenny Roberts, arrancando las motos en la salida de un GP

Roberts se enfrentó con Spencer en una temporada 1983 donde llegaron al codo a codo. En la penúltima cita, disputada en Anderstop, los dos americanos hicieron saltar las chispas, cuando se tocaron al final de la larga recta de la parte de atrás. Ambos salieron de pista, pero “Fast Freddie” pudo meter su ligera Honda tricilíndirca antes en pista y conseguir unos puntos vitales. En Imola, la siguiente prueba, se coronó campeón de 500cc, el más joven de la historia hasta entonces y sólo superado por Marc Márquez en 2013.

Randy Mamola, Wayne Gardner, Eddie Lawson…eran pilotos duros dentro y fuera de la pista. Pero sin duda, si hay una rivalidad sin cuartel que marcó la época fue el duelo entre Wayne Rainey y Kevin Schwantz. El primero era un californiano que provenía del entorno de Roberts, como el propio Lawson o John Kocinsky. El segundo era un tejano algo tímido y familiar. Pero en la pista eran lo contrario: Rainey contenido e inteligente, Schwantz salvaje y precipitado. Ambos fueron pilotos Yamaha y Suzuki durante toda su carrera deportiva y ya desde sus primeros piques en el AMA se odiaron.

Wayne Rainey y Kevin Schwantz conversando en el Paddock

Su primera aventura en Europa fue un preludio de lo que veríamos: en Brands Hatch, compitiendo con Superbikes, ambos llegaron a tocarse vuelta tras vuelta, tratando de ganar la trazada buena en la montaña rusa británica. Y en el Mundial continuaron con la rivalidad: sus duelos en Suzuka, Hockenheim, Assen… aún tienen un sitio especial en las videotecas de los aficionados.

Evolución de las protecciones

Un desarrollo paralelo a las violentas 500cc. fue la aparición de nuevos sistemas de protecciones para pilotos, que pasarían de la pista a los usuarios de la moto de carretera. Unos circuitos seguros, que permitían arriesgar más y unas máquinas exigentes, dispararon el número de caídas que los pilotos aceptaban y los fabricantes de equipación iniciaron una revolución paralela.

La Honda NSR 500 y Wayne Gardner en Brno (1990)

Cascos integrales cada vez más sofisticados, las entonces nuevas rodilleras, protecciones extras y refuerzos contra rozaduras en un asfalto que los pilotos cada vez acariciaban más. De la multitud de caídas se sacaron valiosas lecciones, como mejorar los puntos más propicios a lesionarse en un guante y de las desgracias como la caída de Rainey en Misano, a la creación de protectores de espalda ergonómicos.

Las protecciones evolucionaron más en esta década que en los cincuenta años anteriores, tal y como les pasó a neumáticos y chasis. Esto también llevó a la aparición de material réplica: los cascos de los héroes de las pistas estaban disponibles con los mismos colores en las tiendas. Los pilotos se convirtieron en inesperados test riders y sus contratos con las marcas de equipación les valieron de ingresos extras y una herramienta de publicidad muy exitosa para las marcas.

El campeonato del mundo obtenido por Schwantz en 1993 pondría el punto final a la época dorada, a la que le siguió el reinado de Doohan

El fin de una era

Todo lo bueno tiene su fin y la época de las salvajes 500cc también fue así. En 1992 Honda introdujo el motor “Big Bang”, donde las explosiones de los cilindros se agrupaban y la entrega de potencia se suavizó. Esta tecnología pronto fue adoptada por todas las marcas. Las 500cc estaban lejos de ser dóciles, pero ya no eran monturas imposibles. Los cinco títulos consecutivos de Doohan tuvieron como rivales a pilotos europeos y japoneses. El motociclismo europeo se vio obligado a evolucionar y en los años ’90 encontró el camino con la aparición del Supermotard. El arte del pilotaje salvaje dejó de ser un secreto para ellos.

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